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Artículo: Citas que debieron quedarse en borradores. Capítulo 5: mermelada gourmé

Citas que debieron quedarse en borradores. Capítulo 5: mermelada gourmé

Citas que debieron quedarse en borradores. Capítulo 5: mermelada gourmé

¡Hola!

Mis goianas, fans de esta serie trágica (para mi experiencia) y anecdótica para ustedes. 😂

¡Nah, mentira!

Cada cita que he tenido me ha servido para aprender muchas cosas. Por ejemplo: que aún me quedan miles de citas más para fallar antes de que llegue el indicado.

(Lo veo bien lejano eso síiiii 😂).

Porque yo busco y busco —y harto empeño que le pongo—, pero... ¿el indicado? Ni las narices.

Pero bueno, espero que esto se esté convirtiendo en su serie Prime favorita de todos los domingos. 🍿

Citas que debieron quedarse en borradores.

Capítulo 5: mermelada gourmé

Este capítulo es presentado por GOIA. Joyas hipoalergenicas, libre de niquel y maravillosas que te acompañarán siempre.


Estos aros son perfectos para ti o para regalar a tu sobrina, hijas, incluso para regalar en los cumpleaños. Plata 925, hipoalergenicos y perfectos para cada momento.

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¡Comenzamos!

Sucede y acontece que me tocó ir a un pueblo... bueno, en verdad era una comuna... pero a fin de cuentas era un pueblo donde había un lago. (Eso no más les diré. 😂)

La cosa es que tuve que ir a hacer una serie de capacitaciones para emprendedores de la comuna.

Eran cuatro días, cuatro jornadas.

Así que me arrendé una casita muy cerca de la plaza principal y del centro de capacitaciones.

Bueno... es que en verdad todo era caminable. Si ya les dije que era un pueblo.

Llegué con mi maletita, mi computador, una presentación en PowerPoint y bien contenta porque era una pega que me gustaba mucho...

Aunque escribir este blog me gusta más. (Cof... cof... saludos a mi jefecita Mapa. 🤭)


Comenzó el primer día de capacitación.

Había unos veinte emprendedores, entre artesanos y gente de comida.

Todos mayores, pero muy simpáticos.

Hartas señoras Luz, Miryam, Gloria...

Y hartos Don Carlos, Don Panchito, Don Ernesto...

Gente muy amorosa que me recibió con mucha energía y súper atentos a la capacitación.

Así que yo empecé la clase, bien simpática como soy.

Todos hacían preguntas.

Y entre medio de todas esas manos levantadas, le di la palabra a una persona.

Se pone de pie y me dice:

"Disculpe, señorita... a mí aún no me queda claro eso de cómo se le da voz a la marca."

Y yo ahí...

Ahí...

En ese momento...

No vi nada más.

Todo quedó en blanco y negro.

Solo una luz iluminaba esa voz.

"Disculpe, señorita..."

"Disculpe, señorita..."

"Disculpe, señorita..."

Mi cabeza hacía eco con esas dulces palabras que lo teñían todo de colores.

✨ Ahhh... ella, la poeta. ✨

JAJAJAJA.

Volví en mí.

Todo volvió a ponerse en play.

Y ahí recién lo vi.

Jeans.

Cinturón de cuero.

Camisa cuadrillé.

Jockey.

Ojitos azules.

Moreno.

Sonrisa bonita.

Y ahí yo dije...

ME ENAMORÉ.

(Por vez número 500)

Me puse toda cocoroca.

Hasta nerviosa.

Y todas las miradas del curso seguían sobre mí.

Respiré profundo, me hice la profesional y le pregunté:

—¿De qué es su emprendimiento?

Y él me responde:

—"Con mi mamita hacemos mermeladas caseras gourmé... (gourmet). Les ponemos un letrerito bien encanchado en los frascos de vidrio... pero yo la escuché con harta atención y no entendí eso de la voz de la marca."

Y ahí...

Me derretí.

Me derretí de amor...

Y de ganas de comer.

La mermelada, por supuesto.

Mal pensadas. 😂


En el break del cafecito con galletitas todos se acercaron a conversar conmigo.

Y yo solo quería conversar con el joven.

Pero él ni me miró.

Él estaba pendiente del teléfono, saludando a uno que otro emprendedor.

Y eso, amigas goianas...

Más me gustaba.

Que no me pescara.

 

Al segundo día me levanté motivadísima.

La misma sensación cuando ibas al colegio solo porque estaba el compañerito que te gustaba.

Llegó tarde.

Él igual era medio misterioso.

Se sabía lindo, chicas.

Entró como si nada y dijo:

—"Disculpe la tardanza, señorita."

Y ahí...

Me derretí.

Más todavía. 

Ese día tampoco me habló en el break.

Yo igual hacía mis chistes para llamar la atención...

Pero después me acordaba que era la relatora y que claramente todos estaban pendientes de mí.


Para la tercera clase les pedí que llevaran su producto estrella para trabajar la marca.

¿Y el amigo?

No fue.

Fue la mamita.

Amorosa la futura suegra.

Pero andaba bien perdida porque no había asistido a ninguna clase.

Y yo...

Más desilusionada que nunca.


Llegó el último día.

El gran cierre.

Esta vez apareció puntual.

Con su mamita.

Cada emprendedor presentó su marca.

Aplicaron todo lo aprendido.

Hicimos una convivencia como cierre del ciclo de las capacitaciones.

Todos felices.

Todos agradecidos.

La mamita me regaló unas mermeladas.

Y me dijo:

—"Esta es la favorita de mi hijo... frambuesa con menta."

Y yo...

Mira tú...

Tenemos gustos parecidos con el joven. 🥹


Mientras conversaba con todos, alguien me toca el hombro.

Me doy vuelta.

Era ÉL.

—"Oiga, señorita... muchas gracias por las clases. Aprendimos harto. Y perdón por los atrasos o cuando falté... es que el trabajo a veces me llama."

Y yo...

Con pajaritos.

Con corazones.

Todo junto.

Le respondí, bien coqueta:

—No se preocupe.

Y el joven...

¿Saben qué?

Captó el jugueteo.

Y me preguntó:

—¿Y pudo conocer el pueblo?

(Obvio que sí.)

Pero le dije que no.

😂

Entonces me dice:

—"Si me acepta... yo le presento el pueblo."

¿Y qué me dijeron a mí?

Ni siquiera me hice la difícil.

—Bueno ya.



Terminó la convivencia nos fuimos caminando.

Me ofreció llevar el bolso del computador.

Yo ahí...

Más enamorada.

(Ya sé que es un desde... pero después del clavito tacaño mis estándares estaban reajustándose todavía. 😂)

Me mostró el lago.

Las calles.

La historia del pueblo.

Después me invitó un juguito y un completito del carrito de la esquina.

Yo...

Más enamorada todavía.


Cuando pensé que la cita ya era perfecta...

Lo llamaron del trabajo.

Me acompañó hasta la casita donde me estaba quedando.

Nos despedimos con un beso en la mejilla.

Y me preguntó:

—¿Cuándo se va?

Le dije que al día siguiente.

(Aunque si me decía "quédese"... yo me quedaba, hermanas)

Y él respondió:

—Ya.

Solo eso.

Se acomodó el jockey.

Y se fue.

Y yo...

¿Y?

¿Nada más?

DESILUSIONADA.

Ni siquiera le pedí el WhatsApp.

Tan pava.

Pero es que el amigo era medio misterioso.


Llegué derrotada.

Me puse el pijama.

Abrí el computador.

Y me puse una de esas películas románticas que después les recomiendo en los mailings.

(Si no están suscritas... suscríbanse. 😌)

Y de pronto...

TOC, TOC.

Golpean la puerta.

Pensé que eran los vecinos.

Abro.

Y ahí estaba.

SÍIIIIII. 

Con una botella de vino.

Una caja de verduras.

Y una carne.

—"¿Y usted, señorita... ya se acostó?"

Y yo...

Sin palabras.

—"¿Puedo pasar?"

Solo hice así con la mano.

Me dice:

—"Le traje esta cajota con verduras para que se las lleve a la capital."

Y yo...

ME CASO.

La caja traía papas. Zapallo. Tomates de temporada. Lechugas. Limones. Cebollas.

Y también sus mermeladas gourmé.

(Como les dice él. 😂)

Después agregó:

—"Traje esta carnecita para que la comamos."

—"¿Usted toma vino, señorita?"

Y yo solo asentía.

Anodada.


Se fue al patio a encender la parrilla.

Y yo corrí al dormitorio.

Me cambié de ropa.

Perfume.

Un poquito de color en la cara.

Hermanas, ¡yo esto NO lo esperaba!

Cuando salí, él ya tenía el fuego prendido.

El vino descorchado.

La carne sobre la parrilla.

Y una copa esperándome.

Y yo pensé:

"Trátame como esa carne, por favor."

Lo pensé.

No lo dije. 😂


Ahí el amigo misterioso ya estaba relajado.

Simpático.

Dicharachero.

Conversamos de la vida.

Yo, hermanas...

Ya me estaba viniendo a vivir a este pueblo.

En mi mente, claramente.

😂

Cuando terminamos de comer y el fuego ya casi se apagaba, entramos a la casa.

Nos sentamos en el living.

Seguimos conversando.

Riéndonos.

Hasta que de pronto...

¡ME BESÓ, HERMANAS!

Y me besó rico.

Rico.

(Esta confesión queda entre nosotras... pero está dentro de mi top de besos. 🤭)


Y cuando la cosa se empezó a poner más entretenida...

Y yo ya viviendo oficialmente Pasión de Gavilanes...

de pronto...

Se escucha afuera:

TAC. TAC. TAC.

Como unos fierros.

Después un golpe fuerte.

Él deja de besarme y grita:

—¡¡EL GAS!!

Y yo:

—¿Qué?

—¡¡EL GAS!!

—¿Qué gas? ¡¡Si hiciste la carne a la parrilla!! - le dije

Y me responde:

—¡¡EL CAMIÓN DEL GAS!!

Y salió corriendo.

Cuando salgo detrás de él...

Veo estacionado afuera el camión del gas del pueblo.

Y él afirmándose la cabeza mientras gritaba:

—¡¡ME ROBARON LOS BALONES DE GAS!!

...

Yo...

Mínimo común múltiplo.

Con razón desaparecía en las clases.

Con razón a veces lo llamaban.

Con razón cuando se fue despúes de los completitos.

Era el repartidor del gas del pueblo.


Pero esto no terminó ahí.

Empezaron a salir los vecinos.

Llegó Carabineros.

Todo el pueblo salió a copuchar.

Ya les dije que la cabaña estaba al lado de la plaza.

Yo...

Trágame tierra.

La profe de las capacitaciones en medio del escándalo.

Y menos mal que NO habíamos avanzado más...

Porque ahí sí que me moría de vergüenza.

Imagínense la escena.

La policía tomándome declaración.

Las vecinas mirando.

Las balizas rojas girando.

Y el amigo arriba del camión buscando a los ladrones.

Al rato volvió otra patrulla diciendo que habían recuperado uno de los tres cilindros.

¿Y él?

Nunca más volvió esa noche.


En la madrugada me llegó un WhatsApp.

(No me pregunten cómo consiguió mi número.)

Decía:

"Disculpe, señorita, que la noche terminara así. Aún estoy recuperando los balones de gas."

Y al otro día me fui temprano.

Con mi cajita llena de verduras.

Mis mermeladas.

Y una vergüenza enorme por haber sido el cahuín del pueblo.

Pero claramente...

Enamorada.

 

(nah mentira, etso lo exageré9


Nunca más supe de él.

Aún espero ese mensaje que diga:

"Señorita... ¿cómo está?"

Mientras tanto...

Solo me queda el raspado del último frasco de su mermelada.


Y bueno, hermanas...

La reina de los acontecimientos se despide.

¿El signo?

Obvio...

Tauro.

Porque, ¿quién más iba a llegar con una cajota llena de verduras como declaración de amor? 😂

Los amantes de la comida tenían que estar representados.

Y recuerden comprar en GOIA. ✨

Y por favor...

Déjenme comentarios en los posts.

No les dé vergüenza.

Esos comentarios valen oro.

(Las ventas también... pero vamos paso a paso. 😂)

Las quiero.

Con cariño,
La Asistente.
💌

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